Más sobre la preferencia al artista nacional

La semana pasada expuse en este espacio las razones que mueven la norma de establecer una cuota de difusión de la música nacional (de cualquier género) en la radiodifusión. También se mostró el caso de otros países en que dicha regla existía, lo que ayuda a analizar la racionalidad y eficacia de las cuotas. Ahora presento un resumen de las normas actuales de preferencia al artista ecuatoriano.

Muchos pensábamos que establecer cuotas sería una innovación en el país y cambiaría la situación actual. Sin embargo, la realidad es que ya existen tales cuotas. En efecto, la Ley de Defensa Profesional de Artistas (Registro Oficial Nº 798 de 23 de marzo de 1979) ya establece cuotas de radiodifusión y televisión para artistas nacionales. Su artículo 28 señala: Las estaciones de radiodifusión y canales de televisión, deberán promocionar la música popular ecuatoriano y a los artistas nacionales. La televisión en una proporción del 10% y las estaciones de radiodifusión en un 30% de sus programaciones regulares, de las que el 5% serán en presentaciones o actuaciones en vivo en la televisión y el 30% en las estaciones de radiodifusión”.

Es decir, por un lado, los canales y las radios que no cumplan estos porcentajes han incumplido la norma y, por otro lado, al no establecerse sanciones en la ley, el Estado ha fallado en su rol de control. Debido a una defectuosa redacción de la ley, no se ha tipificado una sanción a quien incumpla tales porcentajes y, al no haber infracción, no se puede sancionar al infractor. Si los artistas quisieran obligar a cumplir esta norma, podrían plantear una acción de protección que, a diferencia del anterior amparo, ahora sí puede ser planteada contra particulares, siempre que se demuestre que la persona afectada se encuentra “en estado de subordinación, indefensión o discriminación.

Como la ley vigente establece porcentajes universales, para todo tipo de radio o de canal, podría haber dificultades para ciertas emisoras, mientras otras podrían cumplir fácilmente con la cuota. Pero como no se fija horarios, existe el riesgo de que la cuota se cumpla en horas de la madrugada. Pero, en todo caso, las cuotas existen actualmente y suprimirlas sería un retroceso para los artistas.

En la misma ley se disponen otras normas aún más difíciles de cumplir: las salas de cine deben presentar programas artísticos en vivo, al menos una vez al mes. Se dispone un porcentaje de discos de artistas nacionales por cada disco de música extranjera introducida al mercado, un número mínimo de discos que deben ser editados para un artista exclusivo de un sello musical y hasta las normas sobre espectáculos públicos: en los conciertos, el artista extranjero sólo puede presentarse en el 40% del programa artístico y la remuneración de los artistas ecuatorianos no puede ser menor al 50% de la remuneración que cobre el artista extranjero (art. 13).

En materia de publicidad, la ley dispone que el 75% de los anuncios comerciales (en radio, televisión y cine) sean producidos en el país con artistas profesionales ecuatorianos. El 25% restante se puede transmitir previo el pago de un derecho a la entidad privada “Federación Nacional de Artistas Profesionales del Ecuador, FENAPRE”.

El Reglamento a esta ley obliga al artista extranjero a ofrecer una presentación gratuita en el lugar que determine el ex Ministerio de Trabajo, bajo pena de multa de hasta veinte mil sucres (ochenta centavos). Muchas empresas organizadoras de conciertos cumplían la multa entregando pases de cortesía para los burócratas de ese ministerio. Cuando Galo Chiriboga era ministro, esa práctica se suspendió, pero no se si haya vuelto a ocurrir o si los pases de cortesía tengan mejor destino.

Esta ley y su reglamento llegan al extremo de describir el contenido de los contratos de artistas, fija la forma en que se pagará el honorario y confunde conceptos laborales en un contrato de naturaleza civil. Además, faculta a la privada FENAPRE no sólo a cobrar a todo artista nacional y extranjero, sino hasta a decidir quién viaja a certámenes internacionales en representación del país. Cuando en 2007 el presidente Correa demandó la inconstitucionalidad de la afiliación obligatoria a colegios profesionales, no incluyó el caso de la FENAPRE, por lo que la afiliación sigue siendo obligatoria para los artistas.

En conclusión, al igual que las victorianas competencias del ex CONARTEL para controlar la moralidad de los programas de radio y televisión (Ley de Radio y Televisión, art. 5-e, letra h), las normas sobre artistas y su preferencia están desfasadas de la realidad, pero ya existen cuotas para música nacional. Probablemente la ley de comunicación que se debate (o el enésimo borrador que a esta fecha circule Mauro Andino) no sea la mejor forma de actualizar estas normas, pero sin duda estamos muy lejos de un escenario en que no existen leyes que regulen la comunicación.

Publicado originalmente en La República.

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